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lunes, 8 de febrero de 2016

DE CÓMO LA FORTALEZA DE CAMBIL SE RINDIÓ AL ALCAIDE DE LA GUARDIA, JUAN DE VÍLCHES

Descripción que nos ha llegado de Juan de Vílches, último Alcaide de La Guardia de la época fronteriza, al servicio de los Mexía, y que se unió al ejército de los Reyes Católicos en la última etapa de la Reconquista, que comenzó con la toma de Cambil en 1485.


Nuestro Alcaide era amigo personal del Alcaide de Cambil Mahomad Lentin, el cual, dicho sea de paso, demostró ser un buen vecino, hombre de gran personalidad y que mantuvo corteses relaciones con el Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo, de Jaén.


El relato nos llega por medio de Enrique Toral Peñaranda en “Jaén y el Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo” (BIEG, nº 136 - 1988).

Pero pasemos sin más dilación al referido relato. Alonso López de Diego Ruiz, labrador, hortelano, vecino de La Guardia, de cerca de ochenta años, en el año 1530 había dicho acerca de Juan de Vílches lo siguiente:

“Que había conocido a Juan de Vílches, Alcaide que fue de la dicha villa de La Guardia muchos años, a el cual había conocido y tratado de conversación mucho tiempo antes que falleciese, y siempre le había conocido casado, y tener casa y mujer en la dicha villa de La Guardia…y que estaba enterrado en la Iglesia Mayor de la dicha villa, donde tenía su Capilla y enterramiento… que este testigo había visto que el dicho Alcaide Juan de Vílches había sido casado y velado con María de Bogas, su primera mujer…
            “Que este testigo le había tenido y conocido en reputación de hijodalgo notorio, que así lo parecía y pareció, y se había visto en el trato de su persona y casa, que había tenido en toda su vida, muy honrado y había mantenido armas y caballos y mozos.
            “Y como tal hijodalgo los Reyes Católicos... habían tenido con él y con sus cosas y hechos, mucha cuenta y razón, porque había sido muy valerosa persona, y, como tal, cuando los señores Reyes habían tenido cerco en la villa de Cambil y Alhabar, los Alcaides de las fortalezas no se habían querido dar ni entregar, sino solamente al Alcaide Juan de Vílches. Y porque los Alcaides de las fortalezas se entregaran al Alcaide de La Guardia, el señor Rey don Fernando, de gloriosa memoria, había enviado a llamar al Alcaide de La Guardia, y había hecho contrato con Mahoma Lentin, Alcaide de Cambil, para que entregara las llaves a Juan Vílches... y él mismo había dado las llaves al Rey, y todo ello lo vio este testigo siendo (dice Alonso López), harto mozo”.



domingo, 11 de octubre de 2015

LA CRUZ ROQUERA

LA CRUZ ROQUERA


Sobre la conquista de Jaén por el rey Fernando III y el origen de la cruz que domina el paisaje en el punto mas escarpado, José Chamorro Lozano, en el trabajo titulado “El castillo y las murallas de Jaén” (1974), nos cuenta la historia.




Aun sin ser este un asunto de nuestro pueblo, lo transcribo aquí a modo de curiosidad y por ser este un tema comentado en más de una ocasión y ser varias las versiones que circulan, eso sin contar que todos, en alguna ocasión, hemos visitado ese lugar. Además la relación entre Jaén y La Guardia con Fernando III es algo incuestionable y no se puede contar la historia de una sin la otra:


“En la peña más alta y bravía del escarpado cerro que domina Jaén cuenta la tradición que al conquistarse la ciudad y entrar en ella las huestes del rey San Fernando, el jefe de las tropas cristianas que ocuparon el Castillo, hincó su espada como signo de posesión en el lugar donde hoy se levanta la cruz. La espada era a manera de cruz pequeña formada verticalmente por el pomo, la empuñadura y la hoja, y horizontalmente por el travesaño de la guarnición. Enterado el rey Fernando III de aquella acción, alabóla y decidió que fuese construida una cruz grande de madera que sustituyese a la espada clavada por el capitán de sus tropas y desde entonces todos los hijos de esta tierra hemos visto erguido el signo evidente. 


“La silueta de la Cruz es algo sustantivo en el entorno de la ciudad. Y esta cruz es parte importantísima e inseparable del Castillo. A ella conduce un sendero bien cuidado que permite un fácil acceso.


“La tradición de esta cruz es bonita y el rey San Fernando quiso que se perpetuara el signo cristiano y para ello encargó a las monjitas del convento de franciscanas Clarisas, “convento real”, de reponer la cruz cuando los efectos de temporales y otras causas se abatieran. Esta tradición de custodia se mantuvo hasta mediados del siglo pasado en que un día cayó la cruz y no fue repuesta; entonces se ofrecieron muchos vecinos para reparar este daño a nuestra tradición y el prelado de la diócesis transmitió el privilegio de sustituir a las franciscanas Clarisas en la misión de velar porque en el Castillo de Jaén no faltara la cruz, a don Juan José Balguerías Brunet, privilegio que con toda diligencia ha sido honrado con una fiel constancia por sus descendientes.


Últimamente expresada en una cruz de cemento armado, bien cimentada que es la que actualmente emerge, costeada por doña Dolores Balguerías.


Al pie de la cruz está grabado, en la misma roca, un soneto del poeta giennense Antonio Almendros Aguilar. Este soneto adquirió gran fama y llegó hasta el Pontífice León XIII que lo tenia grabado sobre un pisapapeles de oro de su mesa de trabajo. Dice así:

                       

Muere Jesús del Gólgota en la cumbre
con amor perdonando al que hería,
siente deshecho el corazón María
del dolor en la inmensa pesadumbre.

Se aleja con pavor muchedumbre
cumplida ya la santa profecía,
tiembla la tierra, el luminar del día
cegado a tanto horror, pierde su lumbre.

Se abren las tumbas, se desgarra el velo
y a impulsos del amor, grande y fecundo,
parece estar la cruz, signo de duelo
cerrando, augusta con el pie en lo profundo,
con la excelsa cabeza abriendo al cielo
y con los brazos abarcando al mundo.