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jueves, 3 de diciembre de 2015

Tabla genealógica de la familia de Jaén, vecina de La Guardia. [Manuscrito]

Empieza en Jerónimo de Jaén, armado caballero por el emperador Carlos V en Bolonia cuando su coronación, en 1530. Termina en su cuarto nieto Alvaro Manuel de Jaén y López. Tiene escudo de armas.
Pertenece a la Colección Salazar y Castro de la RAH.


domingo, 11 de octubre de 2015

LA CRUZ ROQUERA

LA CRUZ ROQUERA


Sobre la conquista de Jaén por el rey Fernando III y el origen de la cruz que domina el paisaje en el punto mas escarpado, José Chamorro Lozano, en el trabajo titulado “El castillo y las murallas de Jaén” (1974), nos cuenta la historia.




Aun sin ser este un asunto de nuestro pueblo, lo transcribo aquí a modo de curiosidad y por ser este un tema comentado en más de una ocasión y ser varias las versiones que circulan, eso sin contar que todos, en alguna ocasión, hemos visitado ese lugar. Además la relación entre Jaén y La Guardia con Fernando III es algo incuestionable y no se puede contar la historia de una sin la otra:


“En la peña más alta y bravía del escarpado cerro que domina Jaén cuenta la tradición que al conquistarse la ciudad y entrar en ella las huestes del rey San Fernando, el jefe de las tropas cristianas que ocuparon el Castillo, hincó su espada como signo de posesión en el lugar donde hoy se levanta la cruz. La espada era a manera de cruz pequeña formada verticalmente por el pomo, la empuñadura y la hoja, y horizontalmente por el travesaño de la guarnición. Enterado el rey Fernando III de aquella acción, alabóla y decidió que fuese construida una cruz grande de madera que sustituyese a la espada clavada por el capitán de sus tropas y desde entonces todos los hijos de esta tierra hemos visto erguido el signo evidente. 


“La silueta de la Cruz es algo sustantivo en el entorno de la ciudad. Y esta cruz es parte importantísima e inseparable del Castillo. A ella conduce un sendero bien cuidado que permite un fácil acceso.


“La tradición de esta cruz es bonita y el rey San Fernando quiso que se perpetuara el signo cristiano y para ello encargó a las monjitas del convento de franciscanas Clarisas, “convento real”, de reponer la cruz cuando los efectos de temporales y otras causas se abatieran. Esta tradición de custodia se mantuvo hasta mediados del siglo pasado en que un día cayó la cruz y no fue repuesta; entonces se ofrecieron muchos vecinos para reparar este daño a nuestra tradición y el prelado de la diócesis transmitió el privilegio de sustituir a las franciscanas Clarisas en la misión de velar porque en el Castillo de Jaén no faltara la cruz, a don Juan José Balguerías Brunet, privilegio que con toda diligencia ha sido honrado con una fiel constancia por sus descendientes.


Últimamente expresada en una cruz de cemento armado, bien cimentada que es la que actualmente emerge, costeada por doña Dolores Balguerías.


Al pie de la cruz está grabado, en la misma roca, un soneto del poeta giennense Antonio Almendros Aguilar. Este soneto adquirió gran fama y llegó hasta el Pontífice León XIII que lo tenia grabado sobre un pisapapeles de oro de su mesa de trabajo. Dice así:

                       

Muere Jesús del Gólgota en la cumbre
con amor perdonando al que hería,
siente deshecho el corazón María
del dolor en la inmensa pesadumbre.

Se aleja con pavor muchedumbre
cumplida ya la santa profecía,
tiembla la tierra, el luminar del día
cegado a tanto horror, pierde su lumbre.

Se abren las tumbas, se desgarra el velo
y a impulsos del amor, grande y fecundo,
parece estar la cruz, signo de duelo
cerrando, augusta con el pie en lo profundo,
con la excelsa cabeza abriendo al cielo
y con los brazos abarcando al mundo.


viernes, 9 de octubre de 2015

SANTO REINO

La actual provincia de Jaén fue denominada desde los más antiguos tiempos medievales “Santo Reino”, y todavía hoy resulta frecuente que al nombre de la provincia le anteceda esta aposición.








Es común pensar que este apelativo se debe a la señera figura de su reconquistador, el rey Fernando III de Castilla, el Santo.







Desde su liberación del poder musulmán, la provincia de Jaén tuvo el estatus de “reino” –según la antigua organización administrativa de los territorios de la corona española-, nomenclatura administrativa que estuvo vigente hasta la división provincial de España operada por Javier de Burgos en 1833. Empero, los reinos de Córdoba y Sevilla también fueron reconquistados por Fernando III el Santo, y a ninguno de los dos se le adicionó el título de “santo” nunca.

Fernando III de Castilla 02.jpg
Hay otra explicación para el origen de este apelativo de “Santo Reino”, aplicado a la provincia de Jaén. Esta otra explicación, es de índole ocultista. Y se puede fundar en la tradición que nos proporciona el mago decimonónico Eliphas Levi (el sedicente abate Constant que nunca fue abate).

Eliphas Levi 1864 Photo Originale.jpg
En su libro “Dogma y Ritual de la Alta Magia”, Eliphas Levi nos cuenta que los antiguos llamaban a la magia “Sanctum Regnum” o “Regnum Dei” (o sea, Santo Reino, Reino de Dios): 

« La fe no es más que una superstición y una locura si no tiene como base a la razón, y no se puede suponer lo que se ignora más que por analogía con lo que se sabe. Definir lo que no se sabe es una ignorancia presuntuosa; afirmar positivamente lo que se ignora es mentir. » 

(Dogme et rituel de la haute magie, p. 307).


En este sentido obran muchas razones históricas que nos aclararían que el Santo Reino de Jaén era en la antigüedad, según los ocultistas, un territorio sagrado y mágico.


Alphonse Louis Constant nació el 8 de febrero de 1810 en el área no. 5 de la rue des Fossés Saint-Germain-des-Prés (denominada posteriormente rue de l'Ancienne Comédie) en París, hijo de Jean Joseph Constant y Jeanne Agnès Beaucourt. Gracias al abad J.-B.Hubault Malmaison, quien organiza en su parroquia un colegio gratuito de enseñanza básica para niños pobres, realizó sus primeros estudios, ingresando en 1825 en el seminario de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, dirigido por el abad Frère-Colonna, quien probablemente lo orientó hacia el estudio de la magia.
Árbol de la Vida, de Athanasius Kircher (1602-1680).
Estudió la doctrina de los antiguos gnósticos, la de los Padres de la Iglesia primitiva, los libros de Cassien y de otros ascetas, los escritos piadosos de los místicos, y especialmente los libros de Mme Guyon. Durante su estancia en Solesmes, publica su primera obra: el Rosier de Mai (1839).

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